La inmaculada concepción de María, la madre de Jesús

Este artículo tiene por objeto abrir los ojos espirituales con una reflexión en el corazón con respecto a la creencia popular de la inmaculada concepción de María, la madre de Jesús, que dice que fue preservada inmune de toda la mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia, pues en el país en que vivo se celebra el famoso “día de las velitas”, el 8 de diciembre de cada año, dando honor a esta creencia. Es un tema espinoso y sensible para algunos que confiesan ser cristianos (es un seguidor fiel al Señor Jesucristo), pero también creen en la inmaculada concepción de María. Puedes optar en seguir leyendo el texto o no, pero antes medita, el hecho de que algo sea popular o famoso no significa que sea verdadero. Hoy es el día que Dios iluminará tu corazón para seguirle solo a Él.   

Este dogma[1] de la religión católica sobre la inmaculada concepción de María fue proclamado solo en el año 1.854 por el papa Pío IX, y confiesa que: ... la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda la mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo Salvador del género humano (Pío IX, Bula Ineffabilis Deus: DS, 2803)[2]. Muchas personas al colocar las velas en las fachadas de sus casas, no saben que es lo que están celebrando, a la vez los adultos tomando bebidas embriagantes y los niños jugando con las velas. Si eres cristiano, y sabes que la única autoridad de lo que creemos doctrinalmente está en la Biblia, porque creer en lo popular, y lo que me da tranquilidad porque la mayoría de las personas lo hacen. Hay que sentarse un momento a meditar sobre lo que dice la Biblia y sobre lo que escuchamos de la palabra de Dios.    

Algunos de los textos bíblicos para apoyar este dogma de la religión católica romana son Génesis 3:15 y Lucas 1:28, los cuales en ninguno de los dos, ni otro versículo en el nuevo testamento lo dirá de manera explicita que María la madre de Jesús fue preservada inmune de toda la mancha de pecado original en el primer instante de su concepción, pero de nuestro Señor Jesucristo si dice que ha sido el único ser humano que ha pisado la tierra y fue sin pecado, sin mancha. Esto último, hace parte de nuestra creencia como cristianos, el sacrificio por la redención de los pecados tenia que ser perfecto, sin mancha, como lo dice en los textos: 1 Corintos 5:21 “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”, Hebreos 4.15 “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado”, Hebreos  7:26 “Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos”, 1 Juan 3:5 “Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él” y 1 Pedro 2:21-22 “Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca”,

Todos los seres humanos cuando nacemos, estamos con manchas de pecado, lo dice el texto en Romanos 3:22-23 “la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”, no hay diferencia judíos y gentiles, todos nacemos en pecado. Por eso necesitamos un Salvador, y María necesito también un Salvador, su Hijo Jesucristo. En Romanos 5.12 “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”,  no hay excepción, todos somos pecadores, no hay registro en la Biblia de que María, la madre de Jesús fuera inmaculada, sin pecado, no fue preservada inmune de la mancha del pecado original, es una mentira, y así engañan a muchos, solo porque el líder de la religión católica romana en un momento dado dijo que ella fue sin mancha, no es suficiente. Recuerden que el testimonio de lo que creemos está en la palabra de Dios que tenemos en nuestras manos, gracias a Dios nos ha concedido tenerla, para poder verificar lo que se nos dice desde los púlpitos.

Si insistes en defender los dogmas marianos sobre la maternidad divina, la inmaculada concepción, la asunción, la hiperdulía y la intersección, es simple, entonces, eres seguidor de María (madre de Jesús), no eres un discípulo de Jesucristo, nacido de nuevo en el por del Espíritu Santo. Insistir en ello a una persona obstinada sobre la enseñanza de María, puede traer choques y discusiones, pero en Apocalipsis 22:11 dice: “El que es injusto, haga injusticia todavía. El que es impuro, sea impuro todavía. El que es justo, haga justicia todavía, y el que es santo, santifíquese todavía”. Es posible, que pienses entonces, ¿qué motiva este artículo?, lo hago para que el evangelio de Dios siga siendo predicado, y aunque sabemos como cristianos que la idolatría de la tierra será quitada solo cuando venga nuestro Señor Jesucristo desde el cielo a traer juicio a este mundo, salvación eterna a los que creen y condenación eterna en el lago de fuego a los que rechazan el evangelio de la gloria, por lo menos si hay un pecador que se arrepiente hay fiesta en los cielos.  

Por medio de esta palabra, que es su mensaje, tengo la esperanza que algunos serán iluminados por el poder del Espíritu Santo para que sean seguidor de Jesús, y no de María, ella fue la madre de Jesús, fue una mujer piadosa, la respetamos, pero no la debemos idolatrar, ni tampoco inventar enseñanzas que no están en la Biblia. Jesús detuvo un intento por parte de sus seguidores a idolatrar a María, y lo vemos en Lucas 11_27-28 “Mientras él decía estas cosas, una mujer de entre la multitud levantó la voz y le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y los senos que mamaste. Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan”, Él pudo haber dicho bendigan a “la reina de los cielos”, pero enseguida lo debuto. No hay reina de los cielos, solo hay un Rey, nuestro Señor Jesucristo que reina desde el cielo.

No hay registro en la Biblia que los apóstoles propagarán toda la enseñanza y doctrinas que se han inventado en torno a María en los últimos siglos, y vemos como crece la idolatría por ella, pues en la religión católica romana, ese es su fuerte. Aunque se diga que idolatría no es lo mismo que venerar, arrodillarse ante una imagen hecha por el hombre y agradecer o rogar a ella por algo, es idolatría, aunque lo llames venerar, hiperdulía. Es idolatría, adorar un falso dios, que no es el único Dios verdadero.   

Esto no ha de extrañarnos, ya pasó muchos siglos atrás cuando Israel adoraba a la reina de los cielos, la diosa Asera[3], que fue muy arraigada entre los hijos de Jacob, la única forma que Dios quitó la idolatría de Israel fue con juicio, muerte y sufrimiento con la destrucción de Jerusalén en el año 587 A.C. por la desobediencia de abandonar al único Dios verdadero. La historia se repite, Dios destruirá la idolatría de la tierra, algún día, ven Señor Jesucristo por tus hijos. Alabado sea el nombre del Señor.

 

Elaborado por:

Pastor Jair Sánchez

Ministerio El Mensaje de Jesús

 

 

[1] Dogma: Punto esencial de una religión, una doctrina o un sistema de pensamiento que se tiene por cierto y que no puede ponerse en duda dentro de su sistema.

[2] http://www.vatican.va, Catecismo de la Iglesia Católica, Articulo 491.

[3] Diosa femenina cananea de la fertilidad, esposa de Baal (en Ugarit de Él, el padre de los dioses). Su imagen fue venerada en Jerusalén (1 R. 15:13), en Israel (1 R. 16:33), en el templo de Baal en Samaria (2 R. 21:3, 7). Su símbolo, llamado también Aserá, era el árbol santo o tronco sagrado junto al altar. El Deuteronomio exige repetidamente que los aserás sean cortados (7:5), quemados (12:3) o bien que ni siquiera sean plantados (16:21). Los libros sagrados y los profetas condenaron esta profanación del lugar sagrado como adulterio e infidelidad de Israel para con el Dios Santo (Éx. 34:12; Jue. 6:25; Mi. 5:13; Jer. 17:1–4, y en muchos otros pasajes). Tomado de Ventura, S. V. (1985). En Nuevo diccionario biblico ilustrado (p. 80). TERRASSA (Barcelona): Editorial CLIE.


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