La dificultad para ver el amor de Dios en medio de las aflicciones

Se suele pensar que, si todo marcha bien con la salud, amor y el dinero, entonces Dios ha sido bueno, porque muestra su amor y su fidelidad, esto lo escuchamos decir tanto en gran parte de los cristianos como en el mundo secular. Este pensamiento está impregnado de la cultura del éxito que suele escucharse a doquier. Es cierto que Dios es el proveedor de sus hijos, pero, ¿qué pasa por nuestra mente si las cosas no salen como queremos? ¿Si estamos viviendo en aflicción, Dios sigue siendo bueno?, si como cristianos sabemos que debemos vivir en piedad, la Escritura nos dice que padeceremos persecuciones (2 Timoteo 3:12). Hay otra parte en las Escrituras donde se nos llama a clamar para que el corazón sea encaminado al amor de Dios y a la paciencia de Cristo en medio persecuciones y dificultades, como lo observamos en 2 Tesalonicenses 3: 2-5 “y para que seamos librados de los hombres perversos y malvados; porque no todos tienen fe. Pero el Señor es fiel, y él los fortalecerá y guardará del mal. Nosotros confiamos en el Señor que ustedes hacen y seguirán haciendo lo que les hemos ordenado. Que el Señor encamine el corazón de ustedes al amor de Dios y a la paciencia de Cristo”.

Hay que ser sinceros al predicar estos temas sobre las aflicciones, no son fáciles, y no quiero presentarme como “el experto de las aflicciones”, solamente quiero hablarles con el corazón abierto y no dar la noción de que cada fibra de nuestro ser es inmune a la angustia, la tristeza, la soledad, la tensión, al llanto cuando somos afligidos; el alma afligida se pone triste, hay llanto, hay angustia, hay pensamiento encontrados, y podemos tocar fondo en determinados momentos, pero Dios no se ha ido, nos observa para ver que hacemos en estas situaciones y si seguiremos fiel a Él. Debemos decirlo con verdad, hay desiertos que pasamos y solamente Dios nos puede dar el agua que necesita nuestra alma. En esos momentos el alma no desea alabar, no desea hablar, pero la Biblia dice espera en Dios, porque aún debo alabarlo (Salmo 42:5), entonces, comienza la tensión en nuestro interior, y debemos creer lo que dice en ella para que desde el cielo se le infunda ánimo al alma desalentada, y podamos ver la grandeza del Señor.   

Debemos alejarnos de toda palabra engañosa que escuchemos en las predicaciones modernas, que expresan sobre los momentos de aflicción, y según ellos se debe decir que con nuestra boca hay un milagro, que todo está bien, pensemos en grande, que la aflicción se va cuando la despedimos, le decimos fuera de aquí; todo esto es una negación de la realidad, aún sabiendo en los más profundo del interior que las cosas realmente están mal, pero quiero decirte hoy que solo Dios es el único que puede infundirnos vida de verdad. Hay que irse a ese momento de desnudez del alma, cuando algo difícil toca nuestras vidas, y si Dios lo permite, solamente Él sabe por qué sucedió. Nuestra mente no lo capta de manera inicial hasta donde puede llegar el corazón cuando está obstinado a la voz de Dios, en medio de las aflicciones, el se puede rebelar, ser egoísta, pero cuando la mano de Dios es colocada sobre el corazón, entonces algo sucede, hay un cambio, hay esperanza, hay aliento, pero todo debe estar impregnado por la fe en nuestro Señor. 

Si hay tensiones en nuestra relación matrimonial, en la crianza de los hijos, en la predicación del evangelio, en la relación con los hermanos en la congregación, en el lugar donde estemos como testigos de Cristo, pero no podemos jugar a decir que todo está bien, que soy cabeza y no cola, nada de eso malo me tocará; es puro pensamiento positivo al mejor estilo de la cultura oriental; cuando sabes en el fondo del alma que la herida está sangrando, y sangra demasiado que necesita un médico urgente. Hay que llegar ante Dios y confesar delante de El como nos sentimos de verdad, no con palabras alejadas del corazón, de dientes para fuera, debe ser sincero, y ahí en ese quebrantamiento ocurre la fortaleza en nuestro interior. 

Al escribir estas líneas en mi alma resuena cómo Dios me ha ayudado en los momentos de aflicción, ya sea por motivos de los propios sufrimientos que tenemos todos los seres humanos, o cuando somos vituperados por predicar el evangelio de Dios, o en determinadas situaciones cuando recibimos disciplina por parte de mi Padre Celestial, pero siempre con la esperanza de que Dios nos brindará una salida y no permitirá en nosotros una prueba que no podamos soportar (1 Corintios 10:13), siempre y cuando seamos sinceros ante Él. 

Los predicadores de la palabra no deben enseñar lo que guste a las congregaciones para ser famosos, sino lo que Dios quiere dar al pueblo por medio de las Escrituras, que es la palabra de Dios, no es meramente palabra humana, es el poder de Dios. En el caminar de la vida cristiana se presentan aflicciones como parte del crecimiento de santidad, no me mal entiendas que debemos estar es siempre pensando en todo momento que algo malo nos sucederá, pero en todo ese proceso sale a flote lo que hay dentro del corazón como dijo nuestro Señor Jesucristo en Marcos 7: 20-23 “aunque también decía que lo que contamina es lo que sale de la persona. Porque de adentro del corazón humano salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios, las avaricias, las maldades, el engaño, la lujuria, la envidia, la calumnia, la soberbia y la insensatez. Todos estos males vienen de adentro y contaminan a la persona”, y son precisamente estas cosas que van siendo transformadas, y a su tiempo dará los frutos del Espíritu, unidos a la vid verdadera, que es nuestro Señor Jesucristo. 

En oportunidades no somos pacientes ni tolerantes por estas aflicciones, nos falta amor para con los demás, en todas estas cosas que nos suceden saldrá algo en el corazón que necesita ser forjado, con la ayuda del Señor. Pensamos que, como hacemos parte de una congregación y asisto regularmente a la iglesia, diezmo y ofrendo, entonces puedo coquetear con todos los deseos carnales que batallan en el alma, y que no me pasará nada, pero te informo es un enemigo peligroso, que con el tiempo se vuelve incontrolable, y desea destruir el alma alejada de Dios. No sigamos esa línea de pensamiento, porque vendrán consecuencias graves.  

Si al estar leyendo estos párrafos te encuentras en una situación difícil por decisiones que no estaban engranadas con la voluntad de Dios, lo que quiero que sepas es que todo es originado por el estado del corazón, no hay que culpar a Dios por nuestras decisiones, Él solo quiere el mayor bien para nosotros, la dificultad de ver el amor de Dios en medio de las aflicciones está precisamente en como el alma es consciente de la necesidad de Dios para vivir y descansar en Él.

Hay que reflexionar, meditar y sincerarse con Dios, si queremos que nuestra vida este rendida a Él, hay que tomar decisiones radicales, pero si optas en tomar el camino de ser un cristiano nominal, de etiqueta, que es muy común en este tiempo, que no quiere tener responsabilidades, entonces vendrá el sueño del alma. Muchos se han conformado a esa vida de frialdad con respecto a la rendición del corazón hacia Dios, y pasan los años en las congregaciones sin experimentar el crecimiento espiritual en sus vidas. 

Un ejemplo de como llega la amargura, es si llevamos tiempo de ser cristiano, pero llegó una aflicción por una determinada situación difícil, en la cual no acudimos a Dios inmediatamente, sino al contrario nos alejamos de Él, porque el corazón dejó de ser obediente a la voz de Dios. Al principio ese corazón estaba lleno gozo en Dios por medio de Cristo, pero con el tiempo tomó otro camino por descuidar el guardar el corazón, por medio de la vigilancia y la oración, y cuando llega la aflicción, el corazón se rebela. Jesucristo les dijo a los apóstoles y también a todos en Marcos 13: 35-37 “Así que ustedes deben mantenerse despiertos, porque no saben cuándo vendrá el señor de la casa, si al caer la tarde, o a la medianoche, o cuando cante el gallo, o al amanecer; no sea que venga cuando menos lo esperen, y los encuentre dormidos. Esto que les digo a ustedes, se lo digo a todos: ¡Manténganse despiertos!

Nosotros como sus hijos necesitamos un médico del corazón (Lucas 5:31), si decimos que somos cristianos, pero hay pecados que gobiernan el alma y no permite que el gozo crezca, debemos arrepentirnos delante de Él, clamando y pidiendo para conocer más y más el amor de Dios en Cristo Jesús y seamos llenos de su plenitud. Este clamor lo podemos tomar de Efesios 3:16-19 “para que por su Espíritu, y conforme a las riquezas de su gloria, los fortalezca interiormente con poder; para que por la fe Cristo habite en sus corazones, y para que, arraigados y cimentados en amor, sean ustedes plenamente capaces de comprender, con todos los santos, cuál es la anchura, la longitud, la profundidad y la altura del amor de Cristo; en fin, que conozcan ese amor, que excede a todo conocimiento, para que sean llenos de toda la plenitud de Dios.

Ver el amor de Dios en Cristo por el poder del Espíritu, nos alienta a seguir adelante, ya sea que estemos pasando por dificultades porque Dios prueba nuestra fe (1 Pedro 1:7) o porque vienen consecuencias por ser hijos desobedientes (Juan 5:14) al pecar voluntariamente después del conocimiento de la verdad (Hebreos 10:26-31). Somos criaturas nuevas, regeneradas por el Espíritu Santo para servir aquel que nos liberó de la esclavitud del pecado. 

Los salmos ayudan al alma fría para que sea alentada en medio de las aflicciones, hay varias porciones en las Escrituras que también lo harán, pero en el libro de los salmos de manera especial se expresan las diferentes expresiones del alma que tenemos los seres humanos, y como Dios nos brinda su amor, misericordia, gracia y bondad para la alabanza de su gloria.  

Les dejo unas citas que nos ayudarán en este caminar:

Salmo 25.16-18: Mírame, y ten compasión de mí, pues me encuentro solo y oprimido. Crece en mi corazón la angustia; ¡líbrame de esta congoja! ¡Mira cómo sufro y me esfuerzo! ¡Perdóname todos mis pecados!

Salmos 31.7: Yo me lleno de alegría por tu misericordia, pues tú has tomado en cuenta mi aflicción y conoces las angustias de mi alma.

Salmo 42.5: Por qué te desanimas, alma mía? ¿Por qué te inquietas dentro de mí? Espera en Dios, porque aún debo alabarlo. ¡Él es mi Dios! ¡Él es mi salvador!

Salmo 55.16-17: Por mi parte, yo clamaré a Dios; ¡el Señor vendrá a salvarme! En la tarde, en la mañana, al mediodía, clamaré a Dios, y él oirá mi voz;

Salmo 88.9: Mis ojos enfermaron a causa de mi aflicción; Te he llamado, oh Jehová, cada día; He extendido a ti mis manos.

Salmo 138.3: Cuando te llamé, me respondiste, y mi alma desfallecida se llenó de vigor.

Salmo 138.7ª: Cuando me encuentre angustiado, tú me infundirás nueva vida;

Salmo 119.50:  En mi aflicción, ellas son mi consuelo; pues tu palabra me infunde nueva vida.

1 Pedro 4.16-19: Pero tampoco tenga ninguno vergüenza si sufre por ser cristiano.Ya es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si comienza primero por nosotros, ¿cómo será el fin de los que no obedecen al evangelio de Dios? 18 Además: «Si el justo con dificultad se salva, ¿En dónde quedarán el impío y el pecador?» 19 Así que aquellos que sufren por cumplir la voluntad de Dios, encomienden su alma al fiel Creador, y hagan el bien.

Elaborado por:
Pastor Jair Sánchez
Ministerio El Mensaje de Jesús


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