EMDJ64 - ¿Qué significa cuando Jesús dijo: porque mi yugo es fácil y ligera mi carga? - Mateo 11:28-30

Mateo 11:28-30

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.

Es un llamado a todos los que están trabajados y cargados por llevar su vida de creyente basados en querer buscar la justificación ante Dios por el cumplimiento de todos los mandamientos (Romanos 3.20); y una vez que experimentan fracaso tras fracaso por no alcanzar sus demandas, se sienten agobiados y cansados. También es un llamado aquellos que, por causa de la esclavitud del pecado en el mundo, se sienten frustrados, y llevan una vida vacía, los cuales, pueden encontrar el reposo prometido en Cristo Jesús.

En el contexto inmediato en el tiempo de Jesús, estas palabras fueron dadas a todos los judíos que quería ser justificados por el cumplimiento de la Ley y la tradición de los ancianos, pues Jesús al decirles: "vengan a mi", les estaba diciendo que creyeran en Él, para ser aceptados por Dios, justificados por gracia, por medio de la fe en la persona y la obra de nuestro Señor Jesucristo. Una vez que existe el verdadero arrepentimiento, se experimenta el perdón de los pecados, entonces el Señor Jesús nos dice que tomemos su yugo (sus mandamientos) sobre nosotros, y a su vez que aprendamos de Él, de su carácter, que es manso y humilde de corazón, entonces hallaremos descanso para nuestras almas, ya que su yugo(mandamientos) es fácil y ligero.

Las cargas que colocaban al pueblo los fariseos y escribas eran pesadas y difíciles, como lo dice en Mateo 23:4 “Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas”, es decir, les decían a sus oyentes que hicieran tal cosa, pero ellos no las hacían, cayendo en la hipocresía, que los caracterizaba.

El yugo en general era visto como símbolo de sujeción y servidumbre. En cierto sentido, para el judío la ley ceremonial y las tradiciones eran como un yugo (Hch. 15:10). A la liberación de esa opresión se refiere Pablo al decir a los gálatas que no volviesen a estar presos “en el yugo de servidumbre” (Gá. 5:1), ya que en Cristo habían sido libertados. El yugo al cual Cristo se refiere en Mt. 11 era muy distinto; era una situación ligera, es decir, fácil de llevar en razón de la gracia que a tiempo El suministra[1].

En 1 Juan 5.3 dice que los mandamientos de Jesús no son difíciles de llevar, pero que hay de aquella cita que dice: Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame (Mateo 16.24), la pregunta entonces es, ¿la carga de la cruz realmente es fácil y ligera?; se nos manda a llevar su cruz, y su cruz no es para llevar cargas en nuestros hombros, es que debemos morir en ella, es negarnos a nosotros, es perder la vida para hallarla.

Hay un factor importante que debe estar en este caminar, y es el amor a Dios por medio de Cristo, a medida que amamos más a Jesús, sus mandamientos no serán gravosos, y nuestra alma comienza a experimentar descanso, aún en medio de las aflicciones y tribulaciones. 

Un ejemplo de la protección que ofrecen sus mandamientos, lo podemos encontrar en Mateo 5.27-30 “Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno, Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno”, que trata sobre el séptimo mandamiento del decálogo de Dios, no debemos cometer adulterio como hijos de Dios, es decir, no tener relaciones sexuales fuera del matrimonio con otra mujer u hombre, pero ahora nuestro Señor Jesús en este texto nos dice que también la lujuria es considerada como adulterio en el corazón, y Él nos manda a que nos saquemos el ojo o cortarnos la mano para no seguir pecando. En el fondo, el mandamiento es protector, y el siervo que decide ponerlo en práctica agrada a su Señor. La persona obstinada y esclava a la lujuria, decide seguir en ella, piensa que es un pecado inofensivo, y poco a poco lo que comenzó con un pensamiento leve, toma fuerza que termina convirtiéndose en un acto inmoral con uniones de cuerpos físicos, masturbación o pornografía. Posteriormente, si por alguna circunstancia su conyugue se entera de su adulterio, o tiene enfermedades de transmisión sexual, puede terminar en un divorcio y muchos dolores; al final siempre Dios quiere proteger a sus hijos, porque sus mandamientos son lámpara a sus pies (Salmo 119:105).

La obediencia forzada a los mandamientos de Cristo termina siendo pesada y agobiante, solo cuando el corazón comienza a amar verdaderamente al Señor Jesucristo en el poder del Espíritu, entonces somos agradecidos con temor reverente, y es cuando comenzamos a experimentar paz y gozo, todo lo contrario, es una verdadera miseria, donde la esclavitud al pecado trae tristeza y pesadumbre.

Les comparto las siguientes citas bíblicas para meditar al respecto:

Mateo 28.20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

Lucas 6.46-47 ¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo? Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras y las hace, os indicaré a quién es semejante.

Juan 14.15 Si me amáis, guardad mis mandamientos.

Juan 14.23-26 Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió. Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. 

Juan 15.10 Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.

Juan 15.14 Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.

Juan 15.20 Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.

1 Juan 2.3-5 Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él.

1 Juan 3.22 y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él.

1 Juan 3.24 Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado. 

1 Juan 5.2-4 En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos. Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe.

Elaborado por:
Pastor Jair Sánchez
Ministerio El Mensaje de Jesús

[1] Rı́os, A. (1994). Comentario bı́blico del continente nuevo: San Mateo (p. 148). Miami, FL: Editorial Unilit.


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