EMDJ70 ¿Estás salado en tu vida? Mateo 5:13

El pensamiento actual en muchos países sobre la sal en las personas hablando metafóricamente hace referencia según ellos a la mala suerte, que por mucho esfuerzo en obtener las cosas siempre todo les sale mal. Este pensamiento se ha impregnado en la mayoría de los cristianos que piensan que está mal estar salado. Muchos utilizan amuletos e imágenes en los brazos, manos y pies para que supuestamente aleje la sal de sus vidas, inclusive tatuándose en el cuerpo. Pero lo que dice el mundo en esta metáfora tomada de la sal, es precisamente lo contrario al querer de Dios para nuestras vidas, Él nos llama a ser sal, que estemos salados para sazonar la tierra con su mensaje.

El Señor Jesucristo en el famoso sermón del monte dijo: Ustedes son la sal de la tierra, pero si la sal pierde su sabor, ¿cómo volverá a ser salada? Ya no servirá para nada, sino para ser arrojada a la calle y pisoteada por la gente (Mateo 5.13); en sus paralelos en los otros sinópticos dice: La sal es buena. Pero si la sal se hace insípida, ¿con qué le devolverán su sabor? Tengan sal en ustedes mismos, y vivan en paz unos con otros (Marcos 9.50), también dice: La sal es buena, pero si se vuelve insípida, ¿con qué puede recuperar su sabor? No sirve ni para la tierra ni para el montón de abono, y hay que tirarla. El que tenga oídos para oír, que oiga (Lucas 14:34-35), por lo tanto, de ahora en adelante, si eres cristiano debes enfocar el pensamiento hacia Dios y clamar que seamos realmente sal, para que podamos sazonar esta tierra que esta llena de mucha maldad, pero teniendo cuidado que, si se vuelve insípida, será tirada y pisoteada por los no creyentes. No es que ahora, tomarás un puñado de sal, y te lo aplicarás desde la cabeza hasta lo pies. No se trata de eso, no lo hagas.  

Ahora, ¿Qué quiso decir el Señor Jesús para que seamos o tengamos sal en nuestra vida? En Mateo nos dice que seamos la sal de la tierra, y tomando su propiedad de condimentar los alimentos, dice que, si pierde su sabor, entonces, como será salada la tierra. Nosotros como hijos de Dios, debemos tener una sazón diferente al mundo, una vez que se experimenta la regeneración en el corazón, se deben dar pasos firmes por el camino recto que lleva a la vida eterna. Hay que dar buen testimonio como siervos del Señor; transformados desde adentro hacia afuera, sino se hace en ese sentido, se puede caer fácilmente en el pecado de hipocresía. Esta enseñanza se da posterior a las bienaventuranzas, por esa razón, si antes solíamos ser el chistoso y el famoso del grupo solo por los chistes obscenos y burlándose de los demás, ahora debe haber un cambio, que debe sazonar la vida en este mundo.

Debemos comportarnos sabiamente entre los no creyentes (Colosenses 4.5), pero no solo enfocados en la parte externa, también que sea un amor genuino que sale de un corazón humillado, el cual viene solo cuando ponemos la mirada en nuestro Señor Jesucristo, amándole y viviendo el resto de nuestra vida para Él. Nuestra conversación debe ser agradable y de buen gusto (Colosenses 4.6), no hay necesidad de llamar la atención con estrategias humanas, pues con el pasar del tiempo solo trae un vacío en el corazón.  

Hay que ser llenos constantemente del poder del Espíritu Santo, con la meditación de la palabra de Dios y la oración; si descuidamos estas disciplinas espirituales paulatinamente comenzamos a perder la sazón que necesita este mundo, que está lleno de maldad, odio, sensualismo y egocentrismo. 

De ahora en adelante tendrás más en cuenta esta reflexión y no pienses que estar salado es malo, es bueno, si va acorde a lo que dijo el Señor Jesucristo en el sermón del monte, porque Él quiere que seamos sal en esta tierra. En Mateo 5.13, dice que, si pierde su sabor, entonces será arrojada y pisoteada por la gente; esto sucede cuando decimos que somos cristianos en el trabajo, en el lugar de estudio, en nuestra familia, en la iglesia, en fin, en nuestro campo de acción, pero con nuestras actuaciones damos mal testimonio, ya sea con mentira, ira descontrolada, enojo, chismes, borracheras, adulterio, falta de amor, entre otras. La gente pisotea la sal, entonces se burla de ella.

El llamado a ser hijos de Dios, debe ser una transformación verdadera que tiene un proceso que demora toda la vida, pero este cambio debe darse años tras años, e ir avanzando hasta cuando partamos de este mundo; mientras debemos salar la tierra con el tierno mensaje del evangelio de la gloria de Cristo.

Elaborado por Pr. Jair Sánchez O.

Ministerio El Mensaje de Jesús

 


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