EMDJ72 La dificultad del sometimiento a Dios - Santiago 4:7

Santiago 4:7 Por tanto, sométanse a Dios. Resistan, pues, al diablo y huirá de ustedes.

Suele suceder que cuando nos entregamos a Cristo la mayoría de las personas no tienen claro que hemos sido traslado del reino de las tinieblas al reino de Dios, y la dificultad para someterse a Dios en esa nueva vida estriba precisamente en creer que cuando somos libres de la esclavitud del pecado, no tenemos un yugo que colocarnos, el cual es fácil y ligero en Cristo Jesús, cuando está imantado por el amor a Dios. La rebeldía y la obstinación humana ha traído grandes estragos en la vida de la humanidad desde que ingresó el pecado a este mundo. Por tal motivo, cuando pienso que, si soy realmente cristiano, debo someterme aquel que entregó su vida por mí. Y eso solamente ocurre en aquellos que están dispuestos a reconocer su estado de necesidad diaria ante Dios, para no estar merodeando de un lugar a otro sin tener absolutamente nada en el interior que pueda deleitarse ante la presencia de Dios.

Hoy debemos seguir predicando y anunciando que los huesos secos, escuchen la palabra de Dios. La soberbia que alguien pudiera ostentar escondido debajo de su vestimenta y semblante confuso puede llegar a laberintos largos y tenebrosos que no encuentran una señal de luz. Cuando leemos las Escrituras es con el propósito de que la palabra de Dios sea como ese martillo que destruye todo orgullo y nos quebranta para llegar al sometimiento, y debe comenzar desde el fondo del corazón.  

En Santiago 4.7 dice “Sométanse a Dios, resistan al diablo, y él huirá de ustedes”, por lo tanto, si no me someto, no me pongo bajo autoridad, no hago lo que Él (Cristo) me mandó hacer, no podré nunca resistir todas las estratagemas que Satanás envía por medio de dardos de fuego; aparentemente inofensivos, encubiertos por el deseo engañoso, que irán minando en el interior del alma. Debemos estar llenos del Espíritu de Dios, porque la mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo (Rom 8.7), y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo (Rom 8.9).

Hay que reflexionar, solo la persona regenerada en el Espíritu puede ver el reino de Dios, nosotros somos súbditos de ese gobierno. Debemos tomar muy en serio sus mandatos, sus leyes, pues no son una sugerencia, sino que son mandatos de parte del Rey, que está sentado en el trono, y algún día volverá desde los cielos, juzgará a los vivos y a los muertos, no son palabras lisonjeras, son palabras verdaderas. Cada uno de nosotros seremos juzgados por las palabras que nuestro Señor Jesucristo nos dejó por medio del testimonio de sus siervos (Juan 12.48).

En estas cortas líneas quiero decirte con mucho amor, la vida cristiana es un traslado de reinos, de las tinieblas a la luz admirable.  Un tiempo atrás en la ignorancia, hacíamos lo que nuestra naturaleza pecaminosa (1 Pedro 4.2-3) nos dictaba para estar supuestamente satisfechos, bajo el argumento de la felicidad que todo el mundo busca. Si estás inmerso en la ira, la contienda, el aburrimiento, el odio, la mentira, las drogas, la pornografía, el alcoholismo, todo lo que se haya convertido en un ídolo en tu vida, es precisamente lo que el diablo quiere que hagas para alejarte del sometiendo a Dios, porque cuando nos sometemos a Él, vamos cada día muriendo a nuestro antiguo yo, negándonos a nosotros mismos, pero a la vez recibiendo vida espiritual abundante por medio de aquel que nos trajo la verdadera libertad y esperanza en esta vida. Dios desea que cada uno de nosotros se acerque a Él con arrepentimiento sincero, y de seguro se acercará a nosotros (Santiago 4.8).

Elaborado por Pr. Jair Sánchez O.

Ministerio El Mensaje de Jesús


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